Siempre me
dijeron que fuera fuerte,
Escuché esos
consejos y los apliqué.
Me hice duro,
hermético, serio,
Era difícil
hacerme reír,
Era imposible
hacerme llorar.
Llevaba años sin
llorar,
Sin derramar
lágrima alguna.
Hasta aquel
fatídico día.
Allí, en mitad de
la cocina,
Me derrumbé, tuve
un gran bajón.
Derramé lágrimas
hasta casi inundar
El escenario de
mi tremenda crisis.
Lloré
desconsolado, dolor puro.
Eso era demasiado
hasta para mí:
No quedaba helado de chocolate.